domingo, 29 de abril de 2012

Soledad sustantiva.


Coqueteas conmigo,
como si mis miopes
alcanzar a notar tu presencia
de sustantivo y género femenino.
Déjame decir que lo siento,
me he tomado muy en serio
mi papel de arcángel Gabriel,
y los beneficios de ser
una alicaída 
me impiden disfrutar de orgías
con palabras tan prostitutamente
manoseadas como ha sido tu humanidad.
Os pido disculpas por la expresión,
es sólo que cuando se está sola
fumando amapolas,
no importa que se griten
sólo chácharas de vieja sóla
(Conste que uso el sólo
del señor único, del Solamente)
Así que no me pongas esa cara
de niñita taimada,
es mi condición de célibe
la que me impide rozar tus eses
tus de y tus eles.
Tu  Salada,  Domada,
y Lánguida presencia
(podrías tener una pe
por ahí para terminar con
Pertubada).
Mengana, mengana
sola,  soleada, salada, sonsacada...
No te aflijas,
no gastes tus rabias,
escupiéndome verborrea
en la cara
(Eso ya lo intentó
tu concuñada Alocada),
que aún te falta agradecerme,
por ser tu más fiel amante,
Amante tal cuál la palabra,
nada de obscenidades autoritarias,
acompañante intachable
frente a tu ventana,
sin maldecir tus abrazos
ni tu piel helada.
Créeme,
ninguna fulana
ha conocido realmente tus vocales.
Y es bastardo saberlo,
después de vivir entre tus piernas
sin usarlas de trofeo.
Simplemente, el mundo con
alguna que otra excepción,
pide de guata al cielo
que no golpees su cuerpo,
ni siquiera con ese seseo
que anuncias con oes de sorpresas.
(Saben la nada de tus delicadeces)
No sigas buscando hogares cálidos,
que nadie entenderá,
por los siglos de los siglos
a las palabras rapsodas, afeminadas
y misceláneas de nacimiento.

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