Porque perdí por ti unas cuantas vidas
menester hoy es aceptar el otro extremo
para equilibrio de Heráclito y mi cordura.
Aunque dure segundos
Tengo que odiarte amor, tengo que odiarte
para defender la balanza
de la mía vida mermada
para mantener tu mirada intacta
rozándome la sombra
eterna como las pocas cosas sólidas
que divierten a esta vegetal mengana.
Aunque este manifiesto queme tu oído
Tengo que odiarte amor, tengo que odiarte
para soportar el cadáver de tu cuerpo
en la mía espalda jorobada
mientras le recito palabras tiernamente inventadas
en el intento de verte nacer otra vez
¡Cuál bastardo más bello!
Es tan difícil mirarte y no
terroríficos se vuelven tus ojos
cuando no veo de antaño destellos
horripilante es imaginarte
chispeantes los iris unidos a otro
Por eso
Tengo que odiarte amor, tengo que odiarte
para que el caparazón fabricado
en este último viaje
sirva en la batalla por alejarme
de tus letras tan suburbiales
que obligan a mis pezones a responder
con la dura rebeldía del roce
¡Es tan difícil invocarte sin tocarte!
más en estas pobres frases que traicioneras
en manada atacaron la soberbia
cual escudo más efectivo en mí suele ser.
Después
he quedado desnuda
abrazada a la última coraza
que jurando dice defenderme
frente a tus artimañas enfermas de abulia
decididas cada año bisiesto a nombrarme.
Más que nunca
Tengo que odiarte amor, tengo que odiarte
¡Que este sentir en su revolución
ha degenerado su forma!
(mas no su poderío)
y no puede manifestarse
¡Reprime mis estómagos!
quiere aborrecer para sobrevivir al segundo
En conclusión, no hay chance
¡Tengo que odiarte amor, tengo que odiarte!
para que esta herida ya no duela como dos
y mi incompleto ser sea muralla
en los años impredecibles y venideros
que callan la fecha de acabo del extremo
¡cual tortura más conmovedora!
me sublimará muerte a muerte.
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