Qué tortuoso es pestañear
cuando lo que veo,
no lo quiero,
dos
tres
cien veces.
De repente
la mescolanza
se sujeta de mis gafas
y menester es
sacarla de sus cabales
¡Me es insoportable
tocar sin contornos!
Más no
existe
otra necesidad
Los ojos nadan
y crepitan
en la nebulosa de realidad
esa que es la única
que se me
atañe
Y divago
en el círculo convexo
que no deja de mirarme
tampoco
Como si el primer trazo
haya naufragado desde mi lápiz
Y su término
de mi dedo fuere,
cuál pluma más mía
El día que el mar
venga a mí
no tendré
puta idea
de ese tramo
que me dista
de su espumosa.
Me pillará sin gafas.
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