martes, 18 de marzo de 2014

Narciso/ La Colorina

 NARCISO


Estoy ausente de la risa
y de todo lo que los hombres felices poseen.
A medida que la sangre huye como corzo,
a través de todos los paisajes 
sin motivo aparente,
como creyendo que las imágenes más remotas
nos silencian el pensamiento;
erguida aún, a pesar de los soles
tan opacos en su raíz
.Me aproximo a tu figura alada
a tus pequeños vértigos;
y te enseño a mirar

como sólo pueden hacerlo los peces,
en órbitas que tus manos desconocían.
Emerjo—pequeño dios—
desde el vientre más recóndito

para unirte con la distancia, tan precisa.

Tenemos una mirada en común,
y una puerta abierta
para endulzar conversaciones,
apoyados en el dintel y recogidos
como suelen recogerse los abandonados,
dando el pecho a una música antigua
más aún que la vida y la muerte.
Y    te rebelas sabido ángel en espera de la caída

Es el comportamiento
que la verdad prefiere,
Y   es así, como vienes y vas
y te envuelves en la luz de viejos astros
para que pueda mirar tu esqueleto,
a sabiendas que no hay nada más hermoso
que el devenir de mar en huesos.
Uno al fin se acostumbra
a que nadie le diga adiós.
Y     a percibir el sonido
en la palma de la mano
como los hipocampos
presienten el amor
acariciando sus espinas-vertebrales.

Embellecido en una gota de agua
mirada a través de la sed,
vienes a conocer mis primeras jornadas

Las vertientes que indujeron a dios
a unir nieve, corazón de árbol,
hiel, resina obscura,
vacilación campana, eternidad
y la noche por ojos.

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