¡Se estremeció hasta la columna escoliótica
con tu respiro acelerado paseando por mi piel, tierra tan vasta de llagas
querendonas de caricias!
Indómito fue el sonido de las mías campanadas
cuando tu lengua sin permiso llegó
a colarse por las rendijas de mi trama
para embadurnar toda la libido con una rebeldía cavernesca.
Cuerpos mezclados bajo el ritmo
de un sonsonete de lobos,
aullidos convertidos en humanoides gemidos.
con tu respiro acelerado paseando por mi piel, tierra tan vasta de llagas
querendonas de caricias!
Indómito fue el sonido de las mías campanadas
cuando tu lengua sin permiso llegó
a colarse por las rendijas de mi trama
para embadurnar toda la libido con una rebeldía cavernesca.
Cuerpos mezclados bajo el ritmo
de un sonsonete de lobos,
aullidos convertidos en humanoides gemidos.
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