viernes, 8 de enero de 2016

Montaraz

¡Se estremeció hasta la columna escoliótica 
con tu respiro acelerado paseando por mi piel, tierra  tan vasta de llagas 
querendonas de caricias!

Indómito fue el sonido de las mías campanadas
cuando tu lengua sin permiso llegó
a colarse  por las rendijas de mi trama
para embadurnar toda la libido con una rebeldía cavernesca.


Cuerpos mezclados bajo el ritmo 
de un sonsonete de lobos,
aullidos convertidos en humanoides gemidos.



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