A Beatriz
Mulata de ojos vistosos y afables
entre tus pupilas negras de agua y tierra simultánea
la vida danza coqueta para llegar abajo
al vaivén de caderas cubiertas de tu piel que es un hogar
que es un fogón, que es una casa de la periferia
Oh tu piel incandescente
querendona de amores transparentes
se deja extender constante en el abrazo
que no pide mucho a cambio
llega a nosotres
espectadores del embrujo de su melosidad
molino gigante contra los repudiables que quieren menoscabar
la sonrisa simple, la palabra clara,
las manos que son lo único que tenemos.
Oh tus manos,
muchacha de dedos tiernos y amables
tus manos tienen la osadía de quien sí espera algo a cambio:
La sencillez de los quereres creadores de otras formas para mecerse
e inventar el amor que cotidiano es botón de flor silvestre,
es pájara mañanera silbándole a los primeros rayos.
Oh tus manos, otra vez
tejedoras incansables de la historia de las mujeres,
por la huella de tu madre que plasmó
la artesanía de avanzar a puntadas trenzadas
dando espacio al retroceder
y
o detenerse si es necesario,
para enmendar con ternura los caminos apresurados.
Oh tus tantos caminos,
mulata de paso firme y huidizo
el tiempo se avergüenza al coronarse rey
cuando viajas intempestiva
de pueblo en pueblo
sembrando el abrazo que es semilla entre los mortales
que pretenden rozar un tantito de tu alma que es manto de hilos
volando al viento
en una tarde de verano al norte del mar.
Oh tu alma párvula,
tesoro que encandila,
me ciega y desafía mis cien años
cuando de tu pecho salen risotadas lumbreras
avasallando las penas que osan dormirme en los días que ajetrean
pero de tu palabra emerge el gutural acto sonoro
llenando el infinito espacio.
Oh tus palabras,
muchacha de voz precisa y concreta,
las gracias se me hacen río en la boca
cuando te cuento despacito
sobre el canto medio abstracto
de la melancolía que viene a poblarme el alma
pero tú las despejas a pura palabra chora
que impulsa el canto de este latido una vez más
y otra vez más
y otra.
Oh la melancolía,
mulata de penas infantes,
obnubiladas, lejanas
tu llanto estremece las placas de la tierra
y el magma se asoma por los poros de tu semblante amargo
la oscuridad sin nombre pretende acabar con la zozobra, mas no hay cabida:
aun cabizbaja, eres volcánica.
Oh, la melancolía, otra vez
Mulata, han declarado la mala fama de las tristezas
el temor a su existencia
pero juntas agarradas del brazo
aprendemos a refugiar la pena y enternecernos
tú con la menta yo con el toronjil
con las transeúntes que te esperan en la casa ñañay
en una plaza en una micro
Para reírnos o llorarnos
lo que usted quiera.
2019.
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