La nombraron Valle de
la Luna como al paraje desértico y
su nombre tan sincero
se erigió en la capital en su abdicado linde y
el área verde que
prometió el Serviu fue inexistente y
creció en tal población callampa la vista agreste y
el oído se acostumbró
al ruido de sus paredes enclenques y
los gritos del vecino la vecina se alzaron como música en sordina
y los perros de la calle fueron la indumentaria del paisaje
y los gatos observaron a las niñas riendo entre balas locas
y los niños aspiraron lo que pillaron pululando como palomas
y fue el lugar recordado por el tráfico y el hambre
y fue el lugar olvidado por el paco y el alcalde.
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