martes, 1 de mayo de 2012

La miseria del frío



Un perro husmea en la basura,
El frío humedece lo que puede encontrar.
Haciendo su búsqueda más ardua
Encuentra un bocadillo
Que puede calmar su ansiedad.

Una mujer aparece.
Se queja de la mala cosecha, 
De las heridas que provoca la helada
Al traspasar sus sandalias.
Mira al perro
Aborreciendo la miseria del lugar.

Un niño camina hacia la tienda.
Necesita un pedazo de pan.
Sus entrañas no resisten
El hielo que provoca el hambre
Y el calor que alimenta de tanto esperar.
Mira los pies de la mujer
Aborreciendo la miseria del lugar.

Una vieja camina a paso lento.
Procura no esparcir las manzanas
Que pudo recolectar.
Sus ojos cegados con cataratas de nieve
No resisten el paisaje en rededor.
Sus manos enfermas no aguantan 
El peso del hambre sin sabor.
Mira el pan duro del niño
Aborreciendo la miseria del lugar.

Un hombre carga una mochila.
Sus zapatos rotos anuncian el camino,
Sus manos agrietadas
Se cansan de llevar la pala.
No la suelta. La retiene
Pensando en el despido.
Mira las manzanas podridas
Aborreciendo la miseria del lugar.

El frío del atardecer 
Anuncia su extensión
Con pausada calamidad.
Ofrece tiempo a las vagas almas
Que se llenan de su majestuosidad
Convierte la calle en paseo de podredumbre.


No quiere observar. Al perro,
A la mujer, al niño, a la vieja o al hombre.

Ignora el cuadro presente
Se ostenta de guerra,
De hambre y enfermedad.
Espera prestarse para el nuevo escenario 
que solicite su cordialidad.

Entra un reiterado y viejo Sr. Frío 
Espantando  el acabar con sus servicios.
Detona el último telón
Que podría haber sido el fin
De esta actuación.

Nadie fue capaz de enfrentarlo.

Se acaba la función.

(2007)

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