Recuerdo sus espaldas mañaneras
que no titubeaban
y la suela
de los zapatos de vestir
tan perfectas y
contorneadas
soportando el peso de
cuerpos puercos
vacíos de semen
y llenos de
lacónicas sonrisas
en pos
de la familia italiana,
maldita
vaca
sagrada.
te escupo.
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