De la orilla emerjo
Con malas nuevas que quieren dejar ir las represiones
y
gobernar
Gobernar el hastío de los caminos interminables
que
convergen en
La perpendicularidad de mis días,
Yo no quiero, no me gusta la palabra.
Pero atrás del telón
Escucho en murmullos que no hay más solución.
No sé quiénes son, no
me agradan.
Opinan desde la línea del frente, sentados en hamacas
Mecedoras de su hedonismo tan ajeno,
Mientras yo sola me pierdo con el sabor de la tierra húmeda
en la dureza de mis
callos milenarios
Gobernar, parlotea la
caterva de los abstractos.
Yo me niego, no acepto convencionalismo.
Yo no quiero, no me gusta la palabra.
Es más
Quiero quemar mi vello púbico
Que el olor los espante y los persiga en las noches
En que metidos en su cloaca osen masturbarse
Pensando en vulvas
Quinceañeras.
Gobernarme
Yo no quiero, no me
gusta la palabra
Mi lengua no sabe articular este fonema vacío
Tan lleno de
adjetivos malformados
Nacidos del útero abúlico
Que no conoce ni una sílaba de su trompa
Ya no jodan
Estoy muriendo
Podrán responderme ustedes
“al igual que
nosotros”
¡pero no me vengan con simulacros empáticos!
lo evitan
lo vomitan
tremolará mañana su cuerpo ante la figura de la mia madrre
yo puedo enterrarme en el útero
de esta muerte-matter
y cobijarme en la posición fetal de los inicios
es el anhelo , es la cruz que carga la niña olvidada del
desvivir
(hasta puedes ver las llagas en mi espalda)
Gobernarme
¡Mi cabeza traza monstruos creadores!
Me ha dibujado
Soy la figura de la
anciana con las manos crispadas
la vieja que ahora miran con repudio e indiscreción.
la agónica hija del desdén arrojada al asfalto.
Déjense de bufoneríasy sigan el camino convenido
llénense la boca con el lascivo escupitajo
de vuestros ancestros cabreados
Pero cuidado con voltear los cráneos
Yo soy el paria ingobernable con el don
cuando se me antoje puedo convertiros en sal.
y soplar vuestros seres esporádicos.
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