sábado, 19 de septiembre de 2015

flaco dónde estás

¿La luz habrá tiznado gente sin fe?
al Flaco lo bebí como al vino que cae,
chorreando desde la mesa
 manchando libros y acuarios
instaló en mi garganta
una extraña sed sin retorno ni huida,
cual si las meninges ya no temieran
sobre futuros traumatismos por delirio.

el Flaco fue capaz de penetrar la costra de cemento y sangre,
hablar con el duende autista asentado en mi entraña,
esperanzarle sobre guirnaldas enarboladas al viento,
dormirle con plegarias cuando se creyó niño,

arrastrarle al club de los muertos
cuando ya no sirvieron
dormideras ni conmiseraciones.

el Flaco se convirtió en cómplice del gnomo
ante la intrincada búsqueda de un nombre
para llamar a mi sed y matarme sin preámbulos en el intento,
ninguno teme a olvidos u olivos de brotes agrios

 yo no tengo violines qué inmiscuir, ni guitarras negras qué golpear
ni inocencias que desarmar en esta odisea

iniciada y poseída por el alba, no hago otra cosa más
esperar el rocío que me ofrecen, divertidos, como final.




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