sábado, 28 de julio de 2012

Palabras me violan

¿Cómo se puede esconder
la mano a sabiendas?

Aguantar el aire
que el rojo intenso se apodere de tu rostro,
luego exhalar antes del desmayo.

Aguantar el lenguaje cotidiano,
palabras enajenadamente familiares
me maniatan, me corrompen.

Que me cansan y me llenan
de canas con colmos.

Me hacen confirmar la amargura
porque la entraña no acepta fechoría
a las palabras que día a día
se someten al falo.

Se cuelan, se arrastran
por las venas de esta influenciable caterva,
embargándolo todo,
tiñéndolo todo de común

Para juguetear
en las bocas de los niños
que lo saben desde la placenta
por la esperma con la información
hacia el óvulo pacificado.

Usadas en los labios de la mujer
agrietados por el cloro,
en el sudor del padre,
en los oídos llorosos
del niño a quién llaman marica.

Palabras mal intencionadas
que me violan día tras día
por la Televisión, la calle
y la radio.

Me desquician y me envuelvo
en la niebla del no saber
qué hacer y sólo gritar
porque la rabia acumulada
lleva siglos en nuestra entrepierna
sin aprender a hablar.

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