Y hasta entonces,
las cosas danzaban al compás
de una tarantela simple
nadie se dio cuenta
de los cadáveres
esparcidos en la arena.
putrefactos,
iluminados al fuego
hablaron
de pasados y fetos
mal desarrollados.
Menester fue detenerse
a escuchar la algarabía,
para una idea hacerme
de las consecuencias
y su distancia recorrida.
Pero los chillidos
me volvieron mórbida de pasado.
¡Nada más yo quería
volver a escuchar tarantela!
Mas degenerado el compás,
mis patas de lana perdieron el rumbo
milenios atrás concertado.
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